¿Qué son los trapitos de apego?

Las mantas de apego transmiten la sensación de ser algo amoroso que abrazar. La función es darle a nuestro bebé la sensación de compañía, confianza y protección es esos momentos en los que está solito.

Ofrecen un soporte emocional que les proporcionará seguridad y es el motivo por el que se produce ese apego y querrán tenerlo consigo. Incluso algunos niños lo querrán llevar a todas partes, el simple hecho de saber que les acompaña, les proporciona seguridad y serenidad.

Una finalidad de este “trapito” es la de ayudar a dormir al bebé a sentir una seguridad en su entorno y estar acompañado durante las horas de sueño. Puede ser de gran ayuda cuando duermen fuera de su entorno habitual: cuando se va de viaje, o para pasar una noche con los abuelos, con cualquier otro familiar o amigos o simplemente la persona que está a su cuidado mientras que papá o mamá van a trabajar.

El Objeto transicional es un objeto en el que el niño deposita cierto apego, tiene una importante función psicológica ya que proporciona seguridad y suple algunas de las funciones de mamá cuando no está. El recién nacido no logra diferenciar entre su persona y su mamá, siente que son uno, estar juntos constituye su seguridad y tranquilidad. Al ir creciendo, con el proceso evolutivo, empieza a comprender que son dos y no uno, y es allí que el objeto transicional entra en juego ayudando a controlar su ansiedad y tolerar mejor la separación del lado de mamá.

El objeto transicional lo elige el bebé, en realidad, los padres le ofrecen al niño una variedad de juguetes u objetos y, de entre ellos, el bebé elige aquel con el que se sienta más apegado. Suele ser un muñeco de peluche, una mantita o un trapito.

Debe ser suave y placentero para el bebé, que todavía está en una etapa de succión en la que conocer a los objetos se da a través de la boca. Hay que tener en cuenta que lo morderá, babeará, lo tirará al suelo, lo arrastrará cuando empiece a gatear. Lo ideal es lavarlo poco, dentro de lo posible mantenerlo con los olores naturales que el bebé fue dejando en él al babearlo, morderlo, abrazarlo, arrastrarlo, porque esto también es parte de su magia. Por supuesto que si se ensucia mucho no hay opción. Hay que hacerlo cuando el niño no está viendo.

El apego del niño a este objeto puede aumentar cuando va viviendo nuevas experiencias en las que necesita de su muñeco o trapito lo haga sentirse más seguro, como por ejemplo el comienzo del jardín, al conocer nuevas personas, etc., Probablemente alrededor de los 3, 4 años, el muñeco de apego vaya perdiendo protagonismo, en algún momento, cuando esté listo, irá “despegándose” de este objeto hasta que no lo necesite más para calmarse o dormir.

Es importante respetarlo y entender que se trata de un objeto muy significativo para él. Desprenderse de su trapito o muñeco de apego es un proceso de madurez que lleva su tiempo y depende de cada niño.

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